Estamos celebrando el alma de la tela y el hilo, honrando la memoria eterna de nuestra Zobeyda Jiménez, la «Muñequera de Amor», quien con su ternura infinita nos enseñó que una muñeca de trapo es mucho más que un juguete; es un pedazo de nuestra historia y un refugio para la esperanza. Con sus manos de seda y su corazón de pueblo, Zobeyda sembró un jardín de retazos que hoy florece en cada rincón de nuestra tierra, recordándonos que la sencillez es la forma más pura de la belleza y que la identidad se teje con hilos de fe y alegría.
A nuestras maestras y maestros muñequeros, guardianes de este legado sagrado, les enviamos un abrazo cargado de orgullo y admiración. Ustedes son los artistas del aserrín y el algodón que, con cada puntada, mantienen vivo el latido de nuestra cultura, transformando lo simple en algo extraordinario. Gracias por ser esa luz brillante que ilumina el camino de la trascendencia, por heredar a las nuevas generaciones el don de crear con amor y por defender, con aguja en mano, la ternura que nos define como pueblo.
Este 2 de febrero, el cielo y la tierra se unen en un aplauso de pie para celebrar su día nacional. Rendimos tributo a quienes ya han trascendido el plano físico, dejando su esencia en cada puntada, y celebramos con júbilo a quienes hoy continúan dando vida a personajes que cuentan quiénes somos. Que sus manos nunca se cansen de crear y que su pasión siga siendo el motor que impulsa nuestro desarrollo cultural.
¡Vivan las muñequeras y muñequeros de Venezuela! artesanos de sueños y constructores de patria.
