El legado de Alí Primera trasciende la cronología de su siembra para consolidarse como un pilar inamovible de nuestra identidad nacional. Su accionar, forjado en la honestidad de la palabra y la armonía del verso, demostró que la música es el vehículo más eficaz para la cohesión social y el reconocimiento histórico de las luchas populares.
Con una solemnidad que emana del respeto profundo a nuestras raíces, honramos hoy al hombre cuya voz no solo denunció las sombras, sino que iluminó el camino hacia una conciencia colectiva, logrando que su mensaje de justicia se grabara de forma indeleble en el alma de cada venezolano.
Ante la compleja coyuntura que nuestra nación atraviesa, el pensamiento de Alí se erige con una autoridad renovada, convocándonos a la templanza y a la unidad superior.
En este tiempo de desafíos, su mensaje nos otorga la facultad de conducirnos desde la paz y el amor, asumiendo la cultura como nuestra arma más noble y nuestro escudo más infranqueable.
Reafirmamos, con firmeza institucional y cercanía humana, que el canto necesario es la brújula que nos guía hacia la resolución de nuestras diferencias, protegiendo la esperanza y blindando la soberanía espiritual de un pueblo que encuentra en su arte la fuerza para construir un futuro de armonía.
¡Que viva la canta popular!
¡Que viva sus cantores y cantoras!
¡Que viva Alí Primera!
